La lucha de clases en la Baja Andalucia (Provincia de Cadiz) 1995-1996 

Loren Goldner

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Trato en este art’culo de algunos episodios de la lucha de clases en la Baja Andaluc’a, mas concretamente, en la provincia de C‡diz durante el pasado a–o. Aunque tengan rasgos regionales espec’ficos, vinculados al nivel de paro mas alto de Europa (43% en Jerez (1) y en C‡diz (2) y a una pobreza excepcional (s—lo 3 — 4 regiones de Europa son mas pobres), estas luchas expresan perfectamente el ciclo de luchas actuales a nivel estatal e internacional (3).

En Andaluc’a se encuentran la mayor’a de los rasgos de la crisis mundial contempor‡nea. Es el punto de entrada en Europa para los inmigrantes del Magreb y del Africa negra, este grupo humano es cada vez mas grande y para ellos parece preferible la c‡rcel de Ceuta que el vac’o social y econ—mico de sus propios pa’ses. Andaluc’a tiene un paro masivo (34.8%, mucho mas alto para los j—venes) y una precariedad econ—mica de dimensiones desconocidas en el resto de Europa. Se impone el mismo Malthusianismo demogr‡fico. El obrero t’pico con trabajo fijo tiene 40 a–os o m‡s. En Andaluc’a, aœn m‡s que en el resto de Espa–a (y a diferencia de Europa del Norte y de EE.UU.), la familia sustituye al “estado de bienestar” cada vez mas fr‡gil, y en ocasiones 6, 7 o m‡s personas viven de un salario o de una pensi—n.

La izquierda radical y el movimiento obrero en Andaluc’a tienen una historia a veces distinta a la de los movimientos paralelos en Madrid, Barcelona, Asturias o Euskadi. A diferencia de estas regiones del norte, el golpe franquista de Julio 1936 tuvo un Žxito inmediato en casi toda Andaluc’a, y fue consolidado enseguida con una oleada de represi—n y ejecuciones de socialistas, comunistas, anarquistas y republicanos en general por legionarios espa–oles y mercenarios marroqu’es como punta de lanza. Aunque unos militantes lograron llegar clandestinamente a las l’neas republicanas y fueron combatientes en la guerra civil, el radicalismo social andaluz fue reprimido casi sin batalla y entr— en una profunda clandestinidad durante m‡s de 25 a–os. Las causas de la debilidad del radicalismo andaluz frente al golpe militar franquista son muchas y han sido muy debatidas. Muchos militantes de izquierdas en Andaluc’a hoy explican la derrota unilateral por las debilidades inherentes a la descentralizaci—n del anarquismo en particular, enfrentado a unas tropas de Žlite con mucha experiencia en las guerras de Marruecos durante los a–os 20, capaces de utilizar con Žxito unidades peque–as y una superioridad material muy grande. Pero por las razones que sean, hubo una discontinuidad casi total entre la izquierda radical anterior a la guerra y las corrientes que empezaron a surgir en las luchas de la clandestinidad de los a–os 60. No obstante,. casi al mismo tiempo que los mineros asturianos consiguieron, mediante su huelga mejor conocida, imponer el primer autŽntico convenio colectivo en Espa–a desde 1939, los obreros de las bodegas jerezanas lograron el suyo en el mismo a–o 1962. En los a–os 60 las organizaciones clandestinas se implantaron en las bodegas, en la vendimia jerezana y tambiŽn en los astilleros de C‡diz y de Puerto Real. Los obreros de estos ramos estaban mas orientados hacia la USO (Uni—n Sindical Obrera), que entonces era de extrema izquierda, que hacia Comisiones Obreras (CCOO), pero un nœcleo de la CNT pudo tambiŽn implantarse en los astilleros de C‡diz y fue capaz de jugar un papel en la lucha de 1995. A partir de 1975 y el fin de la clandestinidad, la USO evolucion— hacia la derecha, y muchos de sus militantes en Jerez y en otros lugares acabaron afili‡ndose a CCOO, muchos otros lo hicieron a la CGT tras su escisi—n de la CNT en 1980. En Huelva, un nœcleo de jesuitas radicalizados y de maoistas lanz— el Sindicato Unitario (SU) a mediados de los a–os 60, que existe todav’a hoy como sindicato radical independiente.

Andaluc’a, corno Extremadura y Galicia, es desde hace mucho tiempo una tierra de emigraci—n. Desde la liberalizaci—n del 1958 a la crisis de 1973-1975, la emigraci—n se dirigi— hacia el norte de Espa–a (Madrid, Barcelona) y hacia Europa. Cuando empez— la crisis se acabaron las posibilidades de ir al extranjero y comenz— la vuelta masiva de gente, produciendo un nivel astron—mico de paro, desde mediados de los setenta, al que no se ve el fin. Andaluc’a sigue siendo tambiŽn la tierra de la “emigraci—n interior”, con mas de 200.000 jornaleros que se trasladan cada a–o por la regi—n recolectando durante meses determinados.

Andaluc’a, dentro de Espa–a, tiene un peso desproporcionado en el conjunto de las organizaciones de la izquierda oficial. Incluso en las elecciones a nivel estatal en marzo de 1996, que gan— el PP, el voto combinado del PSOE (5) y de la coalici—n electoral Izquierda Unida (lU) en la provincia de C‡diz era del 61%, y m‡s del 63% en toda Andaluc’a. S—lo una quinta parte de la poblaci—n espa–ola vive en Andaluc’a y no obstante un ter™io de los delegados del congreso del PCE en diciembre de 1995 eran andaluces. El gobierno del PSOE de 1982-95 ten’a tambiŽn una presencia “andaluza” muy alta (6).

El PSOE domina en Andaluc’a, hasta el punto que el tŽrmino “Napoleonizaci—n” ha sido aplicado a su hegemon’a clientelista (7). Por la administraci—n del PER y otros fondos regionales y locales, el PSOE es capaz de movilizar este apoyo, como hizo en las elecciones de 1996, explotando el miedo a la “derecha”. Este poder pol’tico es de gran importancia para el control de luchas obreras, que se solucionan cada vez m‡s con fondos estatales para la reestructuraci—n de empresas y para subvencionar prejubilaciones y despidos.

La lucha de los Astilleros de C‡diz (julio-octubre 1995)

Una de las luchas obreras m‡s militantes de los œltimos a–os en Andaluc’a fue la de los astilleros de C‡diz (8). En los momentos mas agudos de la œltima movilizaci—n en oto–o de 1995, los obreros de astilleros y la poblaci—n en general en su apoyo pelearon durante semanas contra la polic’a antidisturbios; en la manifestaci—n m‡s grande de apoyo, cien mil personas tomaron la calle. En la noche del 14 al 15 de septiembre millares de obreros levantaron barricadas e incendiaron negocios en todo C‡diz.

Los obreros de los astilleros de C‡diz se hab’an enfrentado al Gobierno en contra de varios planes de reestructuraci—n y despidos desde mediados de los 80, en el ciclo m‡s general de luchas contra las reestructuraciones industriales del gobierno del PSOE, que afectabana los astilleros de toda Espa–a. En su apogeo, a mediados de los a–os 70, los astilleros de C‡diz y de Puerto Real (9) empleaban directamente 5.000 obreros y 3.000 m‡s en industrias auxiliares. DespuŽs de varias, luchas en 1995 quedaron solo 2.100 en los astilleros. Los sindicatos dominantes, CCOO y UGT, aceptaron varias veces prejubilaciones y despidos reduciendo la plantilla. CGT y CNT, con mucho menos apoyo en la base, se opusieron a negociar cualquier despido (10).

La lucha de los astilleros de C‡diz de 1995 empez— en julio con una huelga de un d’a y la movilizaci—n de 100.000 personas como aviso frente a una nueva oleada de despidos por parte de la Divisi—n de Construcci—n Naval (DCN), que es la gestora estatal de los Astilleros Espa–oles. Desde julio hasta septiembre los trabajadores, en acciones de advertencia, cortaron el puente entre C‡diz y Puerto Real dos o tres veces por semana con barricadas ardiendo. El 4 de septiembre en la zona de la estaci—n de RENFE se incendiaron dos coches de tren. El 7 de septiembre la polic’a antidisturbios carg— contra una manifestaci—n en Sevilla hiriendo a dos manifestantes.

El 14 de septiembre el gobierno del PSOE en Madrid anunci— por fin el plan brutal de reestructuraci—n esperado desde hac’a mucho tiempo, cenando Astilleros Espa–oles en C‡diz y en Sevilla (estos œltimos empleaban 500 obreros), privatizando los de otros sitios (Vigo, Gij—n y Santander) y reduciendo la plantilla en los dem‡s en un 50% (11) Esa misma noche, como hemos indicado, millares de obreros se levantaron en Cadiz (12) prendiendo fuego y enfrent‡ndose a las furgonetas de la polic’a venida de Sevilla. Para colmo incendiaron la sede del PSOE en la plaza de San Antonio. Enfrentamientos paralelos estallaron en Sevilla. En la noche del 15, cuando la polic’a logr— imponerse en C‡diz, 10 sucursales de banco hab’an sido destrozadas, 20 negocios hab’an sufrido danos, se hab’an provocado 86 fuegos, 80 sem‡foros se hab’an roto y 134 contenedores hab’an sido volcados y utilizados en la construcci—n de barricadas.

En muchas de esas acciones los obreros recibieron el apoyo directo y t‡ctico de la poblaci—n de C‡diz y Puerto Real que desde sus pisos lanzaban objetos de todo tipo sobre la polic’a antidisturbios en la calle.

Pero desde el principio la lucha era vulnerable a la manipulaci—n de la clase pol’tica gaditana y andaluza. El poco eco quŽ encontraba la lucha en los medios de comunicaci—n de C‡diz, estatales e internacionales le impidi— molestar las maniobras de la precampana electoral nacional. Mientras el gobernador civil socialista de la provincia de C‡diz, como se pod’a esperar, denunci— las acciones obreras como “una salvajada que no tiene justificaci—n” (13), la alcaldesa de derechas, la popular Te—fila Mart’nez, apoyada por los politicos mas destacados del PP andaluz y miembros de la jerarqu’a de la iglesia gaditana, apoy— el movimiento (como si un gobierno del PP no tratase de hacer el mismo tipo de recortes) y particip— en una de las manifestaciones mas grandes, transformando as’ el movimiento en algo similar a una “uni—n sagrada” para salvar la ciudad.

Otro enfrentamiento violento tuvo lugar el 19 de septiembre, cuando los obreros de astilleros cerraron de nuevo el puente Carranza en la Bah’a de C‡diz, otra vez con Žl apoyo t‡ctico de los barrios obreros, hubo enfrentamiento todo el d’a en el puente. La polic’a antidisturbios utiliz— gas lacrim—geno y bolas de goma, los obreros tirachinas, pernos, tuercas, varillas de soldadura, c—cteles molotov y puntillas.

El mismo d’a 19, los dirigentes del PSOE gaditano celebraron una reuni—n en su sede bajo protecci—n de la polic’a para anunciar que ellos tambiŽn apoyaban el movimiento, pero que “rechazaban firmemente la violencia” como medio de protesta. El 23 de septiembre la CNT en Puerto Real denunci— el control estrecho del movimiento por CCOO y UGT (14).

Los enfrentamientos segu’an el 26 de septiembre, con 3 obreros y 16 polic’as heridos, mientras los sindicatos y el gobierno se encontraban en Madrid para discutir la crisis. En este momento 1.000 obreros de la f‡brica de General Motors de Puerto Real entraron en la lucha, quemando una efigie de Felipe Gonz‡lez. Se cortaron las autopistas y las v’as del tren con barricadas de fuego. El 30 de septiembre el gobierno y los sindicatos anunciaron un acuerdo en Madrid. Los 1300 despidos anunciados en julio hab’an sido reducidos a 800 prejubilaciones y se evit— el cierre definitivo de los astilleros de C‡diz y de Puerto Real. En octubre este acuerdo fue aprobado por una mayor’a amplia de la plantilla (15).

La lucha contra los despidos de Jerez Industrial (JISA), 1995-1996

En febrero de 1994 la empresa de artes gr‡ficas Jerez Industrial suspendi— pagos por un valor de unos 2.800 millones de pesetas ($23.3 millones) y anunci— un plan de reestructuraci—n despidiendo 180 de 410 (16) obreros en Jerez de. la Frontera.

JISA produce etiquetas y cajas para las bodegas jerezanas, que por su parte hab’an despedido.a millares de obreros en los œltimos 15 a–os. De hecho, tres grandes bodegueros controlaban una mayor’a de las acciones de JISA y quisieron practicar en Žsta la misma: racionalizaci—n que ya hab’an impuesto en las bodegas(17).

En abril de 1995, no obstante, la empresa cedi— a la presi—n sindical (18) y acepto un plan con 60 prejubilaciones y 22 despidos. Sin embargo, en septiembre de 1995 JISA anunci— nuevas y grandes pŽrdidas en el primer trimestre y propuso 132 nuevos despidos. El 28 de septiembre, mientras en la cercana C‡diz la crisis lleg— al m‡ximo, los obreros de JISA quemaron copias del plan en la plaza central de Jerez, anunciando adem‡s la intenci—n de vincular su lucha con las de Puleva y La Casera, tambiŽn en. peligro de despidos masivos, hubo una movilizaci—n general el 26 de octubre (19).

El 30 de octubre los obreros de JISA cortaron la autopista nacional IV (que pasa por Jerez) por primera vez quemando barricadas (20). El comitŽ de empresa acus— a JISA de fomentar la crisis para esconder su mala gesti—n y obtener fondos estatales para la especulaci—n inmobiliaria. Los obreros manifestaron su disposici—n a discutir un plan de reconversi—n, de reorganizaci—n interna, y de innovaci—n tecnol—gica de la empresa para aumentar su competitividad (21).

El 7 de octubre trabajadores de JISA y de Puleva, gran empresa lechera amenazada tambiŽn con muchos despidos, quemaron barricadas ante la f‡brica Puleva. El 14 de octubre cortaron de nuevo l‡ nacional IV (22). Esta actuaci—n culmin— en una gran manifestaci—n de la clase obrera jerezana el 26 de octubre, reivindicando la retirada de los despidos en la ciudad. Sin embargo, el 19 de diciembre, las negociaciones de JISA acabaron en fracaso total, el comitŽ acus— a la Junta de Andaluc’a de reirse de ellos y subrayaron que quer’an trabajo y no jubilaciones o unacooperativa con maquinari obsoleta, con la cual acabar’an todos, en la calle en un par de anos.

El 3 de enero el comitŽ de empresa se reuni— de nuevo con la administraci—n de JISA escuchando otra oferta inaceptable. Minutos m‡s tarde, los obreros que esperaban en la calle encerraron a todos en la empresa con barricadas, donde permanecieron hasta la llegada de los antidisturbios desde Sevilla. Anunciaron una serie de huelgas.

El 4 de enero unos trabajadores se encadenaron a un edificio de la empresa en otro barrio de la ciudad. El 8 de enero se cerr— la empresa con una huelga de un d’a El 9 de enero los obreros intensificaron su lucha cerrando la estaci—n de tren de Jerez durante dos horas hasta la llegada de la polic’a. El 12 de enero cortaron de nuevo la nacional IV. Unos d’as m‡s tarde el comitŽ de empresa y los representantes de JISA se reunieron con el ayuntamiento de Jerez para discutir un nuevo plan de reestructuraci—n. Et 19 de enero entr— tambiŽn la Junta de Andaluc’a en las negociaciones, abriendo la posibilidad de un rescate estatal de JISA. El nuevo plan inclu’a 80 prejubilaciones y 36 despidos con compensaci—n econ—mica para obreros de 53 o m‡s a–os. Esta evoluci—n aceler— la politizaci—n de la lucha de JISA, pasando a ser cuesti—n. en las elecciones generales del 3 de marzo, ya que el PSOE quer’a a cualquier precio renovar su imagen como partido “obrero”.

A finales de febrero, sin embargo, JISA no hab’a conseguido los 560 millones de pesetas que deb’an ser su contribuci—n a las prejubilaciones, el 1 de marzo se atras— la soluci—n final para despuŽs de las elecciones. En el acuerdo final, firmado en mayo deI 96 fueron prejubilados 80 obreros de 53 a–os o m‡s de edad y 36 recibieron 7.750.000 pesetas cada uno como indemnizaci—n por despido (23).

La lucha contra los despidos en Puleva (Jerez-Granada)

La reestructuraci—n y el rescate de la empresa l‡ctea andaluza es la lucha menos interesante y menos dram‡tica de las consideradas aqu’. Con alguna diferencia sigui— una trayectoria parecida a las de Astilleros de C‡diz y Jerez Industrial. La empresa anuncia el peligro de bancarrota y la necesidad de despidos masivos para evitarla. La movilizaci—n obrera, en este caso controlada por CCOO, y un acuerdo rebajando los despidos (208) y mejor indemnizados. Como en el caso de USA empez— l‡ crisis con la suspensi—n de pagos (abril 1994). Se acab— en la primavera del 96 cuando la Junta de Andaluc’a garantiz— 730 millones de un plan de reestructuraci—n de 1.100 millones de ptas. y el mantenimiento de 582 puestos de trabajo. Una vez cumplido este rescate por el estado, Puleva anunci— 3.000 millones de nuevas inversiones al amparo de un consorcio de bancos espa–oles y extranjeros.

Conclusi—n

Las tres luchas consideradas aqu’ (Astilleros de C‡diz, JISA y Puleva) entran en el ciclo de luchas que se inici— en Espa–a con la transici—n posfranquista, los pactos de la Moncloa entre CCOO, UGT y la patronal, y sobre todo desde que el gobierno PSOE (1982-1995) comenz— su programa de reestructuraci—n industrial una vez consolidado el poder.

Aunque los obreros no ten’an ninguna inhibici—n para utilizar la violencia y las t‡cticas ilegales, estas luchas nunca superaron el cauce sindical, a diferencia de la luchas de la Žpoca 1975-1977. Hubo mucho menos enfrentamiento entre la base y el aparato sindical que en la Žpoca anterior. Estas fueron luchas de la clase obrera constituida en los a–os 60 y 70, en su gran mayor’a hombres con 40 a–os o m‡s, luchando por mantener sus puestos de trabajo o negociar una mejor indemnizaci—n en los despidos. Los objetivos de este tipo de lucha son perfectamente comprensibles, pero son tambiŽn luchas que no abren ninguna nueva perspectiva para la clase obrera en su conjunto. Se parecen en el fondo a otras luchas en Espa–a aœn m‡s militantes, como la de once a–os (1985-1996) que consigui— impedir el cierre de los astilleros de Gij—n, o tambiŽn las luchas contra el cierre de minas de carb—n asturianas en 1992 (24).

Aunque todas estas luchas (como las que tuvieron lugar contra la reconversi—n industrial en Vizcaya) no tuvieron el Žxito de las que hemos descrito en impedir despidos y en ganar prejubilaciones, los acuerdos alcanzados han sido en general posibles por los subsidios nacionales, regionales y locales y por el apoyo de la clase pol’tica local, sea de izquierdas o de derechas (25) con el objetivo de comprar la paz social a travŽs de una expansi—n del endeudamiento estatal. Estas luchas fueron tambiŽn muy apoyadas por el resto de la poblaci—n obrera, que reconoce perfectamente el car‡cter “emblem‡tico” de estos obreros relativamente de Žlite, cuyos sectores son a veces (como en el caso de los astilleros de C‡diz) la œnica vida econ—mica de pueblos y de ciudades enteros.

Con pocas excepciones, no atacan en absoluto el abismo cada vez m‡s grande entre esta Žlite cada d’a mas vieja y el resto de la clase obrera, cada vez m‡s atrapada en e! mercado laboral temporal y en los “contratos basura”, obligados avivir con sus padres (que son muchas veces los mismos obreros de la vieja ŽlitŽ) hasta los 30 a–os o m‡s. En regiones como Asturias ya vive m‡s gente de pensiones que de salarios.

Tal situaci—n no puede continuar por mucho tiempo y tampoco acuerdos de este tipo pueden aceptarse por el capital por mucho tiempo. En el fondo, luchas de este tipo son versiones en peque–o de enfrentamientos como la huelga general en Francia de noviembrediciembre de 1995.

En todos estos casos los obreros luchan a la defensiva para conservar lo que ya tienen, intentando mantener el viejo “contrato social” cuando los capitalistas ya lo han abandonado: y han cambiado todas las reglas de lucha. Son luchas honradas y valientes en la guerra de clases, pero que no resuelven en absoluto el problema fundamental en la actualidad, es decir, como superar los viejos mŽtodos y encontrar formas de lucha adecuadas al nuevo mundo neoliberal. En el mejor de los casos (como el de los conductores de autobœs de Madrid) utilizan unas t‡cticas que tuvieron Žxito en la fase anterior de expansi—n, pero que funcionan cada vez menos. Ningœn rŽgimen capitalista en Europa occidental ha avanzado tanto como EE.UU. y Gran Breta–a en romper la capacidad de los obreros para ganar en luchas sectoriales, pero todo indica que todos los dem‡s se preparan para hacerlo (26).

Reconocer que los viejos mŽtodos ya no funcionan ha creado, en Andaluc’a como en el resto de Espa–a, una polarizaci—n entre los sindicatos “mayoritarios” . CCOO y UGT por un lado, y los sindicatos m‡s peque–os y m‡s radicales por otro; en Andaluc’a estos œltimos incluyen al SOC (Sindicato, de Obreros del Campo), CGT, CNT, SU y USTEA (27). Pero mientras estos grupos son cada vez m‡s capaces (y esto en toda Espa–a) de ganar elecciones sindicales y de oponerse a los sindicatos mayoritarios (28), tampoco son capaces de ofrecer nuevas ideas de estrategia y t‡ctica mas all‡ de ser m‡s combativos dentro del marco sindical (29), un marco que no ofrece nada a la masa creciente de obreros j—venes atomizados en la pesadilla neo-liberal de paro y de trabajos temporales.

 

Notas

1- En Jerez de la Frontera, por ejemplo, el 22,4% de los hogares viven bajo el nivel m’nimo de pobreza, definido como 43.000 ptas. ($350) por persona al mes (Diario de Jerez, 8/3/96) comparemos con la media estatal de 86.000 ptas.. ($700) (Diario de Jerez, 26/4/96). El nivel de paro en toda Andaluc’a era del 34.9% al final de 1995 (El Pa’s-Andaluc’a, 11/12/96).

2- El Wall St. Journal public— el 4/12/95 un art’culo en primera p‡gina sobre C‡diz como la capital del paro de Europa Occidental,

3- Este art’culo no pretende en absoluto ser definitivo. Est‡ basado en datos de varias fuentes, sobre todo en conversaciones con militantes en la Baja Andaluc’a en 1995-1996. Utiliza dos o tres luchas “ejemplares” para ilustrar corrientes mas generales.

4- Segœn el PER (Plan de Empleo Rural), un jornalero debe trabajar 40 d’as al a–o en la cosecha para conseguir, el subsidio de paro el resto del a–o. Con este sistema, el jornalero es vulnerable a todo tipo de manipulaci—n y de clientelismo local, porque tiene que certificar cada d’a que trabaja con la firma del jefe, y en la pr‡ctica esto no se hace muy a menudo, o se hace por un porcentaje del salario. El convenio exige un salario de miseria de 4.200 ptas.. ($32) por jornada de 6 horas, pero las horas de trabajo y el salario pueden ser manipulados por el patr—n. El SOC (Sindicato Obrero del Campo) ha conseguido imponer el convenio en las pocas zonas donde tiene influencia, y ha utilizado tambiŽn la acci—n directa (como la paralizaci—n de la estaci—n de ferrocarril Santa Justa de Sevilla) contra las tentativas de desmantelare! PER. En abril 1995, 190.677 jornaleros cobraban el PER, el 44% de los andaluces recib’an subsidios de desempleo de cualquier tipo (El Pais/Andaluc’a 2412-95). Casi inmediatamente despuŽs de su triunfo electoral en marzo 1996, el gobierno del PP anunci— planes de “modificar” el PER (El Pa’s-Andaluc’a, 2-4-96).

5- Suponiendo naturalmente que un voto del PSOE puede considerarse “de izquierdas”.

6- As’ se explica a menudo la falta relativa de un nacionalismo militante en la Andaluc’a de hoy por m‡s pobre que sea, a diferencia de zonas distintas como Euskadi, Catalu–a, Galicia y Canarias.

7- Segœn el Ministerio de Trabajo y de Seguridad Social, casi un cuarto de la poblaci—n andaluza recibe alguna forma de subsidio del gobierno (El Pa’s/Andaluc’a, 24.1 295).

8- Astilleros Espa–oles S.A. es la empresa estatal de construcci—n naval que mantiene filiales en varios puertos de Espa–a.

9 Los de Puerto Real construyen barcos, los de C‡diz se utilizan hoy s—lo para reparaciones.

10- Un tema constante en las luchas andaluzas contadas en este art’culo y. en las del resto de Espa–a es el enfrentamiento entre los sindicatos mayoritarios (CCOO y UGT) y los sindicatos mas peque–os y militantes sobre como solucionar las crisis de ‘las reestructuraciones. En las luchas consideradas aqu’ (astilleros de C‡diz, Jerez Industrial y Puleva) ciertos despidos se evitaron o se pagaron prejubilaciones y despidos s—lo con el apoyo financiero de la Junta de Andaluc’a y de los ayuntamientos. CGT y CNT han criticado muy duramente este tipo de acuerdos utilizando fondos pœblicos mientras las empresas no pagaban nada o casi nada.

1l- En el momento de los despidos el comitŽ de empresa lo formaban 11 delegados de CCOO, 11 de UGT y 3 del CAT (Comisiones Aut—nomas de Trabajadores), una corriente surgida en la Žpoca de la clandestinidad y de la transici—n. La CNT, sin delegados en el comitŽ de empresa, manten’a sin embargo una verdadera presencia de unos 100 afiliados y una influencia real en el movimiento.

12- Entre 6.000 y 8.000 obreros eran la punta de lanza en esta fase de la lucha.

13-Diario dc C‡diz, 15/9/95.

14- “Traicionan al trabajador al negociar con cinco mil despidos sobre la mesa” (Diario de C‡diz 25/9/95) “…aqu’ se han hecho muchas asambleas populares, en todas se ha preguntado si alguien quer’a intervenir y han votado las propuestas existentes, cosa que no hizo el comitŽ de Matagorda, que est‡ por una lucha controlada donde no haya participaci—n de los trabajadores para que decidan lo que quieren hacer.”

15- Casi inmediatamente despuŽs del acuerdo, los astilleros de C‡diz firmaron contratos para reparar barcos para todo el ,a–o 97 y 98, lo que hizo sospechar una maniobra el gobierno para agudizar el clima de crisis, mientras los astilleros privados de Huelva hab’an contratado durante todo 1995 sin problema. En la primavera del 96 se ofrecieron en los astilleros de C‡diz 300 puestos de aprendizaje y 4.500 j—venes acudieron para solicitarlos.

16- Al principio de la crisis Jerez Industrial manten’a sus actividades en ocho ciudades de Espa–a, el plan de reestructuraci—n se concentr— todo en Jerez. Militantes de CGT opinaban que la empresa hab’a utilizado una contabilidad ficticia para que la empresa de Jerez apareciese inviable.

17- El ayuntamiento de Jerez anunciaba planes para construir 500 pisos en los edificios de las antiguas bodegas jerezanas durante la lucha de JISA, (Diario de Jerez 26/12/95). .

18- JISA excepcionalmente era una de las pocas empresas en la provincia de C‡diz donde CGT ten’a una seria implantaci—n en el comitŽ de empresa (de 27 delegados, 9 de CGT, 9 dc Comisiones y 9 de UGT). En junio de 1995 la CGT aument— su representaci—n y pas— a ser mayoritaria.

19- Durante el a–o 95/96 adem‡s de en JISA y en Puleva, los obreros jerezanos luchaban contra los despidos en la empresa Egro Agr’cola, refiner’a de azœcar y en La Casera, f‡brica de refrescos.

20- El incansable gobernador civil de la provincia de C‡diz, Cesar Brana, intent— vincular acciones de Žste tipo con el aumento de la criminalidad callejera en Jerez, porque quitaban a polic’as de la lucha contra la delincuencia. Pidi— a los obreros utilizar mŽtodos de protesta “m‡s pac’ficos”. (Diario de Jerez 29/11/95). No se pronunci— sobre una vinculaci—n eventual entre la criminalidad callejera, el paro y el mercado laboral precario.

21- Diario de Jerez 1/1 0/95.

22- El 21 de octubre, el obispo de Jerez llam— a “todos los cristianos” a solidarizarse con la movilizaci—n anunciada para el 26, introduciendo, como anteriormente en C‡diz, elementos de una “sagrada uni—n” ciudadana contra, el paro.

23- La indemnizaci—n media de un despido, en Andaluc’a es de 1.956.000 ptas., 20% menos que la media espa–ola (El Pa’s/Andaluc’a, 9/12/95). Esta cifra muestra el car‡cter especial dŽ las tres luchas consideradas aqu’, en que el despido mas barato se pag— a niveles 5 o 6 veces mas altos. El nuevo gobierno PP tiene mucha prisa en abaratar el despido, pero el proceso empez— hace unos a–os con la proliferaci—n de “contratos basura”, cada vez ms comœn sobre todo para los j—venes.

24- Un caso bastante excepcional es el de los radicales conductores de autobuses de Madrid, organizados en la Plataforma Sindical de la EMT. A diferencia de todas las luchas que hemos discutido, que eran de naturaleza defensiva, la PS pudo utilizar su posici—n estratŽgica para pasar a la ofensiva y ganar terreno en una Žpoca de retroceso general del movimiento obrero. La PS de la EMT rompi— con CCOO despuŽs de la muy famosa huelga del metro madrile–o en enero de 1976. Hicieron huelgas en 1985, 1988 y hacia 1989, cuando gan— un aumento salarial de] 25%, fue cada vez mas atacada por la izquierda oficial, desde CCOO y UGT hasta IU y el PCE, esta œltima organizaci—n calific— a la PS de organizaci—n “fascista” en una octavilla de 1990 y el gobierno PSOE intent— demag—gicamente vincular a los conductores de autobuses con ETA. La fuerza de la PS de la EMT era tal que hacia 1990 el mismo Felipe Gonz‡lez tuvo que apoyar al alcalde popular de Madrid contra ella. La PS hizo tres huelgas ilegales en 1991. Pero su actividad culmino en la huelga de 64 d’as de enero-marzo de 1992, en que consigui— polarizar a todos los sindicatos y partidos de la izquierda oficial, y durante la cual representantes de CCOO y UGT se sentaron con Felipe Gonz‡lez para discutir una represiva Ley de Huelga. La huelga de la PS de 1992 consigui— la seguridad en el empleo, aunque 8 militantes destacados perdieron sus trabajos y 24 militantes pasaron por un tribunal por sus actividades en la huelga (en el que el juez era un antiguo abogado laboralista de CCOO). Esta huelga tuvo apoyo internacional de corrientes obreras radicales en Europa, y fue apoyada en Madrid mismo por asociaciones de vecinos, militantes de extrema izquierda y marginados.

25- VŽase el apoyo de la alcaldesa popular de C‡diz, Te—fila Mart’nez, en favor de los obreros de los astilleros gaditanos, incluso tras la erupci—n de violencia masiva.

26. Los obreros italianos pararon los ataques de Berlusconi a las pensiones en oto–o del 94, pero el nuevo gobierno de “izquierdas” del Olivo avanza con su propio plan de austeridad. Muchos de los cambios exigidos por el plan JuppŽ, que provocaron la huelga francesa de nov-dec 95, se consiguieron tras la desmovilizaci—n de la lucha. En la primavera de 1996 el gobierno Kohl en Alemania mostr— su voluntad de enfrentarse con los sindicatos, y “abaratar el despido” sigue siendo un objetivo primordial del nuevo gobierno Aznar.

27- En mayo del 96, SOC, CGT-A y USTEA se encontraron en el Bosque (C‡diz) para lanzar un debate con el objetivo de una eventual fusi—n. Otras comentes como el SU de Huelva y otro sindicato independiente de Marbella boicotearon la reuni—n para protestar por la presencia de la CGT y que faltaba un “planteamiento andaluz”. De hecho la cuesti—n del nacionalismo andaluz era un punto de desacuerdo importante en la discusi—n.

28- El primero de Mayo, en Sevilla, los “enanos” convocaron por primera vez una contramanifestaci—n a la de CCOO y de UGT, en la que se manifestaron unas 2000 personas frente a las 10.000 en la oficial.

29- Los peque–os sindicatos reivindican un “sindicalismo de clase” contra el “sindicalismo de servicios” de los mayoritarios CCOO y UGT.